La nueva generación del periodismo en Manabí: Experiencias con epicentros de dolor e indignación por los 6 años del terremoto

Desde el periodismo también se viven las historias, se sufren las tragedias y se llevan las marcas que estas causan. El terremoto del 16 de abril de 2016 dejó innumerables recuerdos de dolor, angustia e impotencia.

Quienes estuvieron bajo los escombros y lograron salir con vida volvieron a nacer, pero esos testimonios llegan a los demás a través de quienes acuden en búsqueda de realidades que no se pueden dejar en el olvido. Ese es el trabajo de los periodistas de Oromar Televisión, quienes han recorrido Manabí y se han encontrado con escenarios que deberían estar en los registros, pero que siguen siendo parte del día a día de toda una provincia. ¿Cómo se abordan desde el periodismo las lágrimas de los sobrevivientes y los incumplimientos de las autoridades?

Para Belén Mendoza “es doloroso e indignante ver tanta indiferencia de los funcionarios, pues han pasado seis años y aún hay proyectos inconclusos, parece que a Manabí no le prestan atención y que no ha sido prioridad para tres Gobiernos”, señala con molestia. Pero también las lágrimas de quienes relatan sus historias son el resultado de la indolencia de quienes prometieron soluciones y seis años después no las han materializado, asegura.

El compromiso de Belén es seguir insistiendo para que se brinde atención a las personas afectadas del 16-A, porque además de ser una necesidad, es un derecho. Ella no dejará de recordar la falta de seriedad con los proyectos prioritarios como el hospital de Pedernales, porque la salud no se debe rogar, reitera.

Finalmente, resalta que de su memoria no puede borrar las imágenes de ciudadanos suplicando en exteriores de las casas de salud o en áreas improvisadas, que son el resultado de dineros que no se utilizaron.

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Sin duda, el terremoto del 16-A marcó de forma diferente a cada persona. Entre quienes debieron desplegarse para registrar las primeras imágenes de la tragedia están los camarógrafos y los equipos operativos de Oromar Televisión, que recibían y procesaban las crudas escenas.

María José Pinoargote ha conversado con cada uno de ellos y resalta que todos coincidieron en algo: tras saber que sus familias estaban a salvo, no dudaron en acudir al canal y a las zonas afectadas para llevar a cabo su trabajo. “Hay un equipo humano, con miedos, llevando a las pantallas los sucesos pese a las adversidades, y eso es digno de reconocer”, expresa.

Pero ella también es crítica con la falta de acciones de los funcionarios y el no uso de los recursos, “la gente ha sido burlada una y otra vez”, reclama, y por eso seguirá siendo un vínculo para que las personas puedan expresar sus necesidades. No hay certeza de hasta cuándo las obras estarán a medias, pero para María José el tiempo no es una limitante para continuar en esta lucha.

Entre las víctimas que arrastra la cuestionable actuación de las autoridades están los niños y jóvenes que hoy en día no tienen infraestructuras adecuadas para aprender.

Anahí Vélez lleva tatuadas en su memoria esas escenas, “el colegio Eloy Alfaro en Bahía era muy completo y ahora está totalmente destruido, los alumnos tienen que estudiar en campamentos provisionales”, recuerda con nostalgia. 

También reclama las promesas de reactivación de Tarqui, zona comercial de Manta, porque aunque hay uno nuevo, el original no volvió a ser el mismo. “No hay una autoridad que me haya dicho que el plan ya se va a ejecutar, todo está en veremos o en que depende de otras instancias que no permiten continuar”, cuenta con indignación y se compromete a seguir recordando a los Gobiernos de turno, que aún hay deudas pendientes.

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Manabí fue ejemplo de solidaridad y por eso se ha levantado con el esfuerzo de su gente y bajo la desatención de las autoridades, eso Anahí lo tiene claro. “Es triste saber que a 6 años aún no hay planes para ejecutar y algunos están inconclusos”. 

Es precisamente por esa despreocupación de los gobernantes, que los comerciantes y empresarios que lograron salir adelante, tuvieron que hacerlo por sus propios medios, comenta Jessica Mendieta, quien ha conversado de cerca con ellos. Sin embargo, reconoce que aún hay muchos que no han podido levantarse del todo, pues pusieron sus esperanzas en palabras que cayeron en sacos rotos, “han pasado tres Gobiernos y ninguno pasó más allá de las promesas”.

A Jessica le parece inhumano esa especie de juego que existió a lo largo de estos seis años, donde autoridades acudían a pedir datos y llenar supuestos papeles para construcción de casas y otras ayudas que más allá de ser un beneficio, son la responsabilidad de quienes fueron elegidos para representar al pueblo, “pero quedó en puro protocolo”.

Bahía de Caráquez ha sorprendido a Jessica por el estado de sus calles, que parecen abandonadas, “es una ciudad que está olvidada por parte de las autoridades” y a la que, como dicen sus habitantes, el turismo no va desde hace seis años. Esta situación es preocupante porque el turismo es precisamente el motor de desarrollo de esa zona.

Recorriendo Bahía, Jessica evidenció que tras seis largos años, aún hay quienes pasan sus días en casas improvisadas, sin camas y sin los servicios básicos para una vida digna. Por eso exige a las autoridades que constaten cuál es la realidad que aún arrastra el terremoto, pero baraja la posibilidad de que lo sepan y hayan decidido olvidarlo “porque ya no tiene mayor relevancia para ellos”.

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Jessica seguirá mostrando las consecuencias del terremoto y de la inacción de funcionarios porque “aún hay una herida viva que no ha sido sanada” y siente que su deber es hacer los llamados de atención que sean necesarios para que se abran los ojos ante las precarias condiciones que enfrentan muchos afectados del 16-A. Espera que en algún momento se tomen acciones concretas.

El olvido que siente Manabí se ve reflejado en las historias e imágenes que las periodistas de Oromar Televisión han recogido en cada recorrido, para ellas es evidente el dolor de las personas que no se sienten apoyadas y de alguna manera se han resignado a que la lucha diaria es solo de ellos, porque ya se han cansado de esperar.