Belén Mendoza

Antes de contar un poco sobre mi existencia en este mundo, aunque en estos tiempos yo le llamaría sobrevivencia, quiero decir que de la calle he construido mis mejores historias y sigo aprendiendo del periodismo; yo lo elegí y lo volvería elegir.

Vengo del norte de Manabí, de la tierra que de entre los escombros aún intenta levantarse, Pedernales. No les voy a negar que para escribir esto y que ustedes lo estén leyendo he tenido que pasar caminos de sombras y aún sigo buscando una salida. Sobre eso ya les contaré.

Soy Belén Mendoza,  esa niña, joven o mujer que un día emprendió este largo y gratificante camino de la comunicación. Mis sueños y la capacidad de asombro se mantienen intactos. En claridad, madrugadas o penumbras siempre descubro algo, porque siempre hay personas y circunstancias para aprender.

A mis veinte y tantos años, he podido hacer coberturas especiales durante el terremoto, protestas de octubre y la pandemia de la Covid-19. Puedo decir una cosa: Lo vivido y aprendido en cada cobertura, nadie te lo quita!!

Un paréntesis. Es imposible no hacerlo, porque a pesar de los riesgos, los periodistas siempre  estamos allí buscando historias, preparando notas, esperando que nada más grave ocurra. Los invito a que nos traslademos a cada una de esas madrugadas frías, pero a los exteriores de los hospitales de la provincia, donde la esperanza no siempre ha salido victoriosa. ¿Por qué?

Pues las carencias o anomalías son hereditarias, es doloroso ver las súplicas cubiertas de lágrimas, gritos, desesperación de familiares de los pacientes para que los sanen. A mí no me lo contaron, yo lo he vivido.

Solo por poner en contexto, en la pandemia las deficiencias y la indiferencia fueron letales. Que, si no faltaba el hilo, la cama, la mascarilla, el algodón, la gestión, pero siempre algo no había y se tenía que correr a comprar…

También en la cobertura diaria, durante las inundaciones o los siniestros viales, entrevistando a un funcionario de alto nivel o de los otros, viendo muertos producto de la violencia social, las decenas de kilos de drogas decomisadas; en cada caso siempre preguntándome ¿Cuál es la noticia?

Aquí sigo y enfrentando cada uno de los retos, las docenas de coberturas realizadas son parte del aprendizaje y la preparación, que se hace realidad cuando las historias se hacen públicas.

Antes de continuar, en un inicio les dije sobre los caminos de sombras, pues bien, entre esos ¿Cómo olvidar? que para obtener la licenciatura en Comunicación Social, mención Periodismo, todo empezó un día que me dije, yo no quiero quedarme en Pedernales. ¿Pero cómo salir de allí? escasos recursos, no conocía las grandes ciudades, ni cómo movilizarme y, más complicado, no conocía más que las montañas y ríos de esa zona norte.

Me atreví a cruzar esa línea y luego de la licenciatura, me volví a preguntar ¿por qué no prepararse más? y así nuevamente Belén (yo) estaba combinando las labores periodísticas con las clases del horario europeo, no lo niego, fue complejo, pero valió la pena obtener un máster y con ello nuevos conocimientos. Hay que continuar… nunca se deja de aprender.

Puedo seguir contándoles un sinnúmero de vivencias y no se trata de un tinte dramático, al contrario es lo más cercano a lo que le llaman realidad, con la cual puedo hilar también esos más de tres años sobrellevando el ejercicio profesional en la cadena ecuatoriana Oromar Televisión para no caer en la rutina. Eso último sería peligroso y hasta mortal.

De todo lo que les he contado, puedo decir que, el periodismo se aprende haciendo periodismo, por eso tengo las expectativas de tener más coberturas, de escribir y publicar más notas, de contar más vivencias de la gente común o, de encontrar más fallas en los proyectos públicos.