Terremoto del 16-A | Juan Pablo Trámpuz: “Entre los escombros, volvimos a levantarnos”

 

A seis años del terremoto que cambió la vida de muchos ecuatorianos, los recuerdos permanecen frescos en la memoria de Juan Pablo Trámpuz, presentador de noticias de Oromar Televisión, quien compartió la experiencia de este inolvidable suceso.
¿Cómo describes lo ocurrido aquel 16 de abril de 2016?
La noche del 16 de abril de 2016 marcó un antes y un después en la vida de todos los manabitas. Un movimiento telúrico sacudió, no solo las infraestructuras físicas, si no también nuestra forma de ver la vida y su lucha por ella.
Esos segundos nos llevaron a experimentar una serie de emociones, desde las más terribles como el miedo, tristeza, tensión, desaliento, frustración, confusión, pero también fue un lento transitar hacia otras como la compasión, gratitud y el amor. Y es que, para toda una generación, nunca se había visto tanta muerte y destrucción, pero al mismo tiempo, con el pasar de los días, fuimos testigos de la solidaridad y unión de los seres humanos por ayudarnos mutuamente.
¿Se puede recuperar la esperanza después de una tragedia de esa magnitud?
En los días posteriores al terremoto, el simple hecho de volver a saludar a un conocido era motivo de alegría excepcional, el abrazar a un familiar o a un ser querido, después de tanta muerte, era un alimento para el alma y la esperanza. Sí, había dolor, había luto, pero en medio de tanta tragedia es cuando uno empieza a valorar mucho más la vida.
¿Cuál es la característica que resalta de los manabitas ante la adversidad?
Los manabitas empezamos a mostrar que éramos una sociedad resiliente que, de entre los escombros, volvimos a levantarnos. Es verdad, este proceso ha sido tortuoso e incluso sacó a relucir la ambición e inoperancia de muchos que debían administrar bien los recursos para alcanzar la tan anhelada reconstrucción. Pero ahí ha estado el manabita, luchando diariamente para salir adelante.
¿Puede un evento tan trágico dejar enseñanzas en la sociedad?
Han sido 6 años desde que la tierra tembló con tanta fuerza, dejando muerte y destrucción. Sin embargo, este proceso tuvo que enseñarnos que la única forma de volver a levantarnos es siendo solidarios, apoyándonos mutuamente e identificándonos en quienes más lo necesitan. Aprender de la solidaridad, no solo de los ecuatorianos, sino de aquellos que llegaron desde países tan distantes para darnos la mano. La “generación 16-A” debe ser así, caso contrario estaremos condenados a repetir una y otra vez esta tragedia.